Hace no mucho el señor Wert, actual ministro de educación de este país, defendió el concierto de centros educativos en los que se abogara por una educación separada por sexos.
Es cierto que según el artículo 27 de nuestra Constitución, los padres tienen derecho a elegir la educación que quieren para sus hijos, pero... ¿Dónde está el límite? Más bien, ¿Hasta dónde las arcas públicas tienen que cargar con los caprichos "a la carta" de ciertas ideologías?
Hasta ahora, si un centro educativo tenía ayudas públicas, debía recibir alumnos de ambos sexos. Algunos centros, o almenos uno de Valencia, hacían la trampa y escolarizaban a un niño en infantil, que al año siguiente era sustituido por otro y de esta manera cobraban y cobran ayudas públicas.
Por supuesto, las niñas de este centro no sacan mejores notas que las de su vecino de enfrente, mixto y también religioso, aunque no tan radical.
A partir de este ejemplo, se puede afirmar que quizás las niñas del separatista tengan valores más de acuerdo con su doctrina, pero a nivel académico no sean más brillantes.
No hay que olvidar, y muchos lo olvidan por desgracia, que la educación, la Escuela, nos prepara para vivir en la sociedad. La educación es un microsistema de la sociedad, en ella a parte de los conocimientos académicos, se aprenden conductas sociales y valores. Es un lugar idóneo para practicar la ciudadanía dentro y sobretodo fuera del aula.
¿Han vigilado alguna vez un patio de recreo? Allí los niños y niñas aprenden a compartir juegos, crear grupos afines, solucionar conflictos, idear estratégias...
Dentro del aula, trabajan mano a mano niños y niñas, independientemente de su sexo, raza o religión.
Piensen, en un futuro estos niños y niñas se convertirán en adultos que vivirán en una sociedad cambiante, en la que trabajarán junto a adultos de otro sexo, raza o religión... ¿Quieren que tengan las herramientas adecuadas para desenvolverse plenamente en esa sociedad? O cabe pensar mal y con esta medida separatista se pretende un cambio social basado en el rechazo a lo diferente, el "orden" por sexo, raza o religión, la desigualdad de oportunidades...
Por ello rechazo firmemente que con mis impuestos se financie a las escuelas separatistas.
Rebeca Moncho
Licenciada en Pedagogía por la Universidad de Valencia
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